14 de mayo de 2012

EL PELUQUERO GIGANTE


Por Jorge Ochoa Bugueño
Editor Periódico Informarte
 
Todo un mundo de sensaciones y emociones ha desatado entre los antofagastinos la visita de un personaje muy especial, como parte de un espectáculo callejero sin precedentes en la ciudad.

Se trata de una marioneta de peluquero de casi cinco metros de altura que, desde el miércoles pasado, recorre las calles céntricas, y principalmente el paseo Prat, en busca de largas melenas, ya sean de pelo liso o rizado, para practicar sus dotes de estilista, ocultando bajo su brazo izquierdo las enormes tijeras que lleva en su mano derecha, y sorprendiendo especialmente a los transeúntes más apurados o distraídos.
Lo más divertido sucede cuando se encuentra con un “pelado” ya que, al no tener cabellos que cortar, ofrece sobarle la cabeza con su mano desocupada.
 
Iván, como ha sido bautizado el peluquero gigante, es en realidad obra del emergente artista callejero Robert A Secas, un joven originario de Neiva, Colombia, quien llegó a Valparaíso hace unos seis meses, y donde precisamente aprendió a confeccionar estos armatostes de tela, cuerdas y metal, y dotarles de cualidades humanas y una rutina original, para que así puedan interactuar con los peatones y encantar.

Dice el artista que todas estas técnicas las aprendió en el puerto, cuando unos franceses impartieron unos cursos a un grupo de jóvenes interesados. También cuenta que, por estos días, varios de los que asistieron a esos talleres, están replicando lo que aprendieron a lo largo y ancho del país, en distintas ciudades o pueblos.

El objetivo de Robert, sin embargo, es viajar con esto y conocer nuevos lugares, pero siempre pensando en su propio norte que es volver a su tierra natal. Para ello tiene planificado ir a Calama la próxima semana, de ahí a Iquique, luego a Perú, Ecuador y, finalmente, Colombia, siempre acompañado de la traviesa marioneta de Iván, que por lo demás, debe transportar en una camioneta por su tamaño y peso, que supera los cuarenta kilos.

Por ello Robert camina mucho, no se puede quedar estático por mucho tiempo porque Iván lo empieza a agotar. ¡Juntos suman casi cien kilos!

Las impresiones que ha dejado este fin de semana son variadas. A algunos no les ha parecido demasiado interesante, pero la gran mayoría ha agradecido su visita. Una joven estudiante le señala incluso, al borde del lagrimeo, “muchas gracias, esto de verdad es arte”. Y a sus compatriotas, para nada escasos en la capital regional, les pide, un poco en serio un poco en broma, “¡díganle a mi mamá que estoy triunfando!” y ríe, como feliz de hacer felices por un instante a los demás.

A quienes no han conocido a Iván y a Robert aún, les invitamos a que se den una vuelta por el paseo Prat, o a que lo busquen por las calles de la ciudad. Su evidente altura les ayudará a dar con él rápidamente. Quedan pocos días de este espectáculo callejero itinerante que se caracteriza por obligar a los peatones a interactuar de una u otra manera, ya sea esquivando las traviesas tijeras del peluquero, tomándose una fotografía junto a él o agradeciendo con una moneda el irrenunciable sentimiento que evoca en el ser humano presenciar el arte y la creatividad de los demás.


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