2 de junio de 2011

Zapateros y Chancleteros

Por Jaime N. Alvarado García

         De los oficios que van quedando en el pasado, el de “zapatero remendón” es quizás el que generó más comentarios, dichos, versos y muchos chascarros. De mi barrio, recuerdo algunas zapaterías. “La Rápida”, con máquinas para pulir y abrillantar; “El Relámpago”, que no hacía honor a su nombre y los reclamos por la tardanza eran frecuentes. “Las Zapatillas Rojas” de un señor de curioso nombre: se llamaba Submarino… ¡Sí, señores! Se llamaba así, con todas sus letras: “Submarino”.
     Y la más cercana, del añorado Horacio: crecimos escuchando el martilleo de la suela y sus silbidos melancólicos, recordando tangos, boleros y baiones… Reparó nuestros zapatos desde la infancia a la juventud, siempre con esa misma paciencia…
    “Don Bartolomé, es un zapatero/ Siempre se le ve, la mar de dinero…/La señora Inés, una zapatera/ siempre se le ve, con el dedo afuera…” –decía una cantinela de los años 50. El recordado dúo “Los Caporales”, deformaban la coda de un tema valenciano, remedando graciosamente… “Zapatero, remendero…/ mete la lezna, deja el agujero…”. Una canción infantil lo puso de relieve: “El zapaterito clava, clava/ clava, clava en el tacón…./Al viejito Simón/ zapatero remendón/ les voy a contar/ lo que le pasó…”
    Se decía que el oficio se aprendía tras las rejas, donde los internos hallaban una
opción en qué ocupar su tiempo de condena y generar algunos ingresos. La población penal  calificaba a los zapateros, como “Los manos hediondas, porque las tienen olor a pata”.
    Cuando alguien recibía una paliza, se decía que había quedado “Más golpeado que rodilla de zapatero”, aludiendo el hecho que los zapateros “batían” la suela golpeándola sobre una plancha de fierro que colocaban sobre sus rodillas. Y en ese mismo ámbito cuando algo maloliente amenazaba el umbral de la tolerancia, se decía “mas hediondo que el engrudo del zapatero…” . En esos tiempos no había adhesivos sintéticos: el engrudo se conservaba con “piedra de alumbre”.
     Muchos zapateros “pituteaban” (Se decía “ganarse un cancho”) cosiendo pelotas del fútbol, de ésas cuyo “bladder” tenía un “pituto”, sellado con una gran costura…
    “Un zapatero celoso/ le dijo a su mujer/cuando te pille con otro/yo te tiro con un alfiler/ - El verso es más largo, pero el espacio nos mete en un zapato chino…
      Y, como en los cuentos… “Pasó por un zapatito roto….”

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